Extra Series

Globalizacíon y Solidaridad

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Conferencia pronunciada en la Fundacíon BankBoston, 11 de Septiembre del 2002, Buenos Aires
S.E. Mons. Marcelo Sánchez Sorondo
Extra Series 15
Ciudad del Vaticano, 2002
pp. 46

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Globalizar el significado de la persona humana y universalizar el bien común – Las realidades actuales requieren más que nunca la actuación de la Doctrina Social de la Iglesia, cosa que naturalmente el mismo Santo Padre alienta vivamente. Durante estás últimas décadas, los liberales y los neoliberales han sostenido enfoques orientados a reforzar un sistema mundial basado principalmente en las reglas del mercado y de las finanzas. Otras instituciones, y primera entre éstas la misma Iglesia, han defendido la causa de los pobres y proclamando a los cuatro vientos la lucha contra la pobreza, sosteniendo la necesidad de alcanzar una mayor equidad a través del control ético y político del mercado y de las finanzas, y dando prioridad a la educación. Han formulado una conclusión clara y un juicio crítico en relación con situaciones de pobreza o sufrimiento ligado a la difusión de un mercado global sin reglas y a un crecimiento ilimitado de las finanzas que sólo buscan el lucro. En esta nueva perspectiva, la justicia, la participación, el compartir, la solidaridad, son complementarios y están en simbiosis con los valores económicos. Tanto el carácter potencialmente positivo como los aspectos negativos de la globalización han sido en gran parte identificados. Refiriéndose al tema de la globalización, durante la Jornada Internacional de la paz de 1998, el Santo Padre ha expuesto dos principios: la importancia del sentido de responsabilidad en relación con el bien común y la necesidad de colocar a la persona humana en el centro de todo proyecto social. Juan Pablo II ha insistido también en la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales que es necesario globalizar el significado de la persona humana y universalizar el bien común. “Para que la globalización manifieste sus notables potencialidades positivas – sostiene el Papa –, no hay que olvidar nunca que el ser humano debe ser siempre un fin y jamás un medio, un sujeto y no un objeto ni un producto de mercado”. Es decir que la globalización es un instrumento, y en cuanto tal, debe ser orientado a su fin que es la persona humana en el contexto del bien común y del desarrollo social. Por lo tanto, “es necesario insistir en el hecho que la globalización, como cualquier otro sistema, debe estar al servicio de la persona humana, de la solidaridad y del bien común”. Últimamente, Juan Pablo II volvió sobre este punto con otro discurso en la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales (11 de abril de 2002), reafirmando con fuerza que la globalización nos impone a todos “examinar de manera renovada la cuestión de la solidaridad”.36 Esta es la única manera de evitar que la globalización progrese en desmedro de los más necesitados y los más débiles, ensanchado aún más la distancia entre ricos y pobres, entre naciones pobres y naciones ricas.

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